
En pleno siglo XXI
“Hoy los países latinoamericanos combinan indistintamente la medicina occidental con la indígena. A pesar de que la segmentación social y territorial ha permitido un fraccionamiento de la población entre ciudadanos e indígenas”, sostiene la politóloga Luz Azuero, “aún en las áreas urbanas se mantiene la tradición de la utilización, especialmente de plantas y minerales, para la curación de enfermedades. En Bogotá, incluso en los segmentos con mayores ingresos”, añade Azuero, “es común la utilización de ciertos medicamentos naturales, de origen indígena”. En Colombia, aunque los censos no son muy precisos en esta materia (y varían los datos, de acuerdo a la fuente), hay unos 800.000 indígenas. Es decir, casi el 3 por ciento de la población, según la Oficina de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior. Están organizados en más de 80 grupos étnicos, donde se hablan 75 diferentes lenguas, y ocupan el 25 por ciento del total del territorio nacional. En México, el 8 por ciento de la población es indígena y en Ecuador la cifra llega hasta el 20 por ciento, según datos de Ethnologue, investigación de Barbara Grimes. A pesar de esta evidente importancia en términos demográficos y, sobretodo, territoriales, la asimetría política –sostiene Azuero- impide que sus conocimientos tengan una divulgación proporcional con su relevancia estadística. Así, la propia Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos OEA ha hecho énfasis en afirmar que los países han desarrollado un completo sistema legal para garantizar los derechos indígenas, pero muy pocas acciones para garantizar que se cumplan. Así, mientras occidente produce, clasifica y analiza sus procedimientos y productos médicos, las características propias indígenas, en términos de ubicación geográfica y estadio de desarrollo, ha coadyuvado a que exista un gran vacío de información en esta materia. En este mismo sentido, las propias tribus se han encargado de ocultar sus métodos de curación y las medicinas utilizadas, debido a las connotaciones espirituales que tienen, sostiene el indígena Abelardo Ramos, miembro de la comunidad indígena Nasa (descendiente del grupo de paeces), tribu perteneciente al departamento del Cauca al suroccidente de Colombia, entrevistado especialmente para Buena Salud. Según Ramos, la medicina indígena es principalmente de carácter preventivo, responde a problemas emocionales, orgánicos y patológicos. Así, la mayoría de las comunidades indígenas no aceptan que los médicos tradicionales se muestren reacios a creencias curativas de las tribus. La razón es que para los indios, la practica de la chamanería hace parte de sus creencias, su religión, su cultura y tradición. Por esta causa, los secretos de la curación no son divulgables para quien no cree en ellos.
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